martes, 16 de enero de 2007

Frío Metal


Dímelo tú, si yo no lo sé.
Dime cuanto tiempo más debo esperar para que el Sol se oscurezca al fin.
Para que su luz no ciegue mis ojos ocultándome tu rostro.
Llenando el aire de impureza que distorsionan tu figura nítida que jamás me mirará a los ojos si no con un pequeño deje de cinismo.
¿Cuanto puede tardar el Sol en ocultarse bajo el infinito?
Dímelo si lo sabes.
Dime cuando la luz se apague, si seguiré viendo tu reflejo sobre este frío metal.
~Angie~

lunes, 8 de enero de 2007

Luciérnaga

En un cielo oscuro y estrelado brillaba, antaño, una estrella solitaria que no componia ninguna constelación.
En silencio y entre lágrimas clamaba a la eternidad que su corazón se consumiese en comunidad, que la luz que radiaba iluminara a otros ojos y diese felicidad, que el calor que de su naturaleza emanaba calentara corazones que buscan refugio en la belleza de la noche.
Pero tampoco quería perder toda esa majestuosidad que su interior poseía ni el horgullo de ser estrella y ser testigo de muchas noches de amor, aunque los amantes no se detubieran para buscarla a ella entre todas las demas.
Fue entonces cuando, entre el murmullo de llantos silencioso, que se percibia en el vacio del Universo, decidió Dios cumplir el único deseo que una estrella le pedía.

La convirtió en Luciérnaga

~Angie~

Adios Cereza...


En un jardín abandonado por su señora, había allí plantado un gran Cerezo.
Llevaba muchos años sacando flor y fruto, pero nunca nadie se paraba a contemplar.
Le hacía compañía la tenue esencia de la primera Cereza que creó que, aún pasadas tantas primaveras, sigue vagabundeando junto a su rama.
El rosado y pequeño espíritu se sienta sobre su creador color siena esperando que sus últimas hermanas despierten y poder al fin enterrarse todas juntas en la tierra y agua que les dio vida, y olvidarse del tiempo que les dio muerte.
Adiós Cerezo
~Angie~

Violeta

Se le había acercado lentamente un anochecer.
Ella no lo con nitidez.
Le dijo, apenas en susurros: "si tu vida valiera en flores lo mismo que tus ojos, no habría árbol capaz de sustentarlas."
Ella se enamoró de su voz, de la lentitud de sus palabras y de la dulzura de sus labios.
Andaron juntos durante toda la noche, cogidos de la mano pasearon por las brillantes calles de Paris sin dar ocasión al frío a congelar la risa de ella ni la sonrisa de él.
Cuando el amanecer amenazaba a llegar sobre el cielo, él la llevó a un pequeño parque.
Ella llevaba un vestido violáceo, con volantes blancos y un corpiño varias tallas menor a la sana.
Él un simple frac.
Idóneo para ese carnaval.
La abrazó por detrás, le dio un suave beso en el cuello y dijo: "Adiós, hasta nunca, mi flor."
Y así se fue.
Al siguiente carnaval tampoco apareció.

~Angie~

miércoles, 3 de enero de 2007

Tears


No quería llegar a ese lugar, sabía bien que ella sí lo deseaba, que buscaba un destello en la oscuridad.
Habían llegado hasta allí de noche, el precipicio se abría bajo sus pies.
Ella ríe, se sienta y empieza a cantar, siempre la misma nana, siempre el mismo final, las lágrimas.
Ella le ama, él también a ella.
Ella le mira y se lo pide porfavor. Tiene miedo pero aún así le asiente. Se deja caer, mientras ella observa llorando verlo caer y se va.
Al llegar bajo, el duro golpe y el cuerpo se rompe en mil pedazos, alzando la vista al cielo, ve las lágrimas caer, y una sonrisa de despedida.
Eran las últimas lágrimas que ella le dedicase, y lás últimas que él recojería con amor.
~Angie~

Silence


Un angosto camino rodeado de piedras. Un pedregoso pasaje bajo pies desnudos que se cierra sobre las cabezas de los que no piensan, ni temen, ni ven, ni escuchan, ni sienten.
Un campo de silencio sembrado sobre cada una de las piedras que dormitan a la luz del día, paisaje quotidiano del Sol y la Luna, y ni uno ni la otra pueden más que deslumbrar intensa en son de dolor.
El sol, condenado a ver cada día tan desoladora imagen, se esfuerza en calentar las almas que se sientan sobre la piedra sin sentir ni ver.
La Luna, más insegura de sí misma, intenta reflejar el Sol mientras se ausenta, pues ninguna fuerza más puede conseguir, pero hay noches que, cansada, se hecha a dormir, y la Tierra vuelve oscura, entonces las almas se lamentan.
Entonces el Silencio se transforma en lamento.
Y el lamento en agonía.
Pero de día vuelve el Sol, a consolar con su calor las almas perdidas.
~Angie~