En un cielo oscuro y estrelado brillaba, antaño, una estrella solitaria que no componia ninguna constelación.
En silencio y entre lágrimas clamaba a la eternidad que su corazón se consumiese en comunidad, que la luz que radiaba iluminara a otros ojos y diese felicidad, que el calor que de su naturaleza emanaba calentara corazones que buscan refugio en la belleza de la noche.
Pero tampoco quería perder toda esa majestuosidad que su interior poseía ni el horgullo de ser estrella y ser testigo de muchas noches de amor, aunque los amantes no se detubieran para buscarla a ella entre todas las demas.
Fue entonces cuando, entre el murmullo de llantos silencioso, que se percibia en el vacio del Universo, decidió Dios cumplir el único deseo que una estrella le pedía.
La convirtió en Luciérnaga
~Angie~
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