lunes, 8 de enero de 2007

Violeta

Se le había acercado lentamente un anochecer.
Ella no lo con nitidez.
Le dijo, apenas en susurros: "si tu vida valiera en flores lo mismo que tus ojos, no habría árbol capaz de sustentarlas."
Ella se enamoró de su voz, de la lentitud de sus palabras y de la dulzura de sus labios.
Andaron juntos durante toda la noche, cogidos de la mano pasearon por las brillantes calles de Paris sin dar ocasión al frío a congelar la risa de ella ni la sonrisa de él.
Cuando el amanecer amenazaba a llegar sobre el cielo, él la llevó a un pequeño parque.
Ella llevaba un vestido violáceo, con volantes blancos y un corpiño varias tallas menor a la sana.
Él un simple frac.
Idóneo para ese carnaval.
La abrazó por detrás, le dio un suave beso en el cuello y dijo: "Adiós, hasta nunca, mi flor."
Y así se fue.
Al siguiente carnaval tampoco apareció.

~Angie~

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