
En un jardín abandonado por su señora, había allí plantado un gran Cerezo.
Llevaba muchos años sacando flor y fruto, pero nunca nadie se paraba a contemplar.
Le hacía compañía la tenue esencia de la primera Cereza que creó que, aún pasadas tantas primaveras, sigue vagabundeando junto a su rama.
El rosado y pequeño espíritu se sienta sobre su creador color siena esperando que sus últimas hermanas despierten y poder al fin enterrarse todas juntas en la tierra y agua que les dio vida, y olvidarse del tiempo que les dio muerte.
Adiós Cerezo
~Angie~
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